El aprendizaje como un proceso comunicativo

La mayor parte de las interacciones en el marco educativo son fundamentalmente verbales, es a través del lenguaje como se ponen en marcha. Pero además el lenguaje tiene una segunda función, es el instrumento a través del cual nos representamos el mundo que nos rodea.

Por otro lado en el aula, el contexto sobre el que se trabaja no está presente, o incluso no existe materialmente y es gracias al lenguaje como lo creamos. Es éste uno de los rasgos que caracteriza al discurso escolar y lo hace distinto y no siempre coincidente, con el discurso de los alumnos, de la calle o de otro contexto.

En muchos casos su contenido es distinto. Por ello podríamos decir que el discurso escolar es más descontextualizado, abstracto, trabaja con realidades lejanas, no familiares, etc. Sin embargo el lenguaje se convierte, en definitiva, en un medio privilegiado para crear y transmitir conocimientos culturales.

Desde este punto de vista, el aprendizaje escolar puede entenderse como el aprendizaje de nuevos modos de discurso. El término discurso se emplea para referirnos a la comunicación en el aula. Así, cuando aprendemos contenidos, procedimientos y actitudes estamos aprendiendo nuevas formas de comprender y explicarnos el mundo que nos rodea, nuevas formas de resolver problemas, es decir, nuevos modos de discurso y de las formas de pensamiento asociadas a ellos.

La interacción social en el aula se concibe como una herramienta privilegiada con la que cuentan los docentes para la consecución de sus objetivos. A través de ella se dota a los alumnos de instrumentos y recursos que medien sus aprendizajes. Pero la interacción social en el aula requiere ser competente tanto en los aspectos estructurales, como funcionales del lenguaje. Exige no sólo ser capaz de usar ciertas estructuras lingüísticas, sino de emplear diferentes recursos lingüísticos en los contextos y situaciones apropiados. Este tipo de competencia se ha denominado competencia comunicativa.

El aula es un contexto comunicativo único. En él se requiere un conjunto de competencias muy específico. Estas competencias incluyen el uso de los modos de expresión oral y escrita.

El desarrollo de las actividades que ocurren día a día en el aula puede considerarse como un proceso por el que profesor y estudiantes van creando y desarrollando contextos mentales compartidos. Es decir formas comunes de definir las distintas situaciones de conceptuar los materiales, los contenidos y en general, todos los elementos del proceso educativo.

No parece por tanto que el proceso de comprensión entre el profesor y los alumnos sea un proceso automático, sino que es más bien uno de los objetivos del propio proceso de enseñanza. Normalmente se insiste mucho en la importancia de las actividades y de la experiencia en el aula.

El aprendizaje exige que los alumnos realicen muchas actividades por ellos mismos.  Sin embargo existen autores que consideran que para aprender, los alumnos necesitan, además de la experiencia, adquirir un modo de interpretar la experiencia, un modo de hablar.

El conocimiento académico, la interacción social y el aprendizaje pueden concebirse como modos de discurso, como formas de comunicación-representación de la realidad. Podríamos decir que el aprendizaje puede considerarse como un proceso de socialización de nuevos modos de discurso. O dicho de otro modo, de adquisición de nuevas formas de comprender y explicar la realidad. Esta adquisición implica la confluencia de diferentes tipos de discurso a los que hacemos referencia a continuación.

  • Discurso de la disciplina. Cada disciplina se caracteriza por un modo particular de discurso, por una forma particular de crear y expresar el conocimiento. Aprender los conocimientos de cada materia es aprender a emplear modos de discurso apropiados para la disciplina.

Pero el discurso académico puede resultar más complejo de lo que podría parecer en una aproximación rápida a ella.

Podemos distinguir entre el conocimiento científico y el conocimiento académico (conocimiento-discurso del aula). Esta distinción se basa en tres aspectos: qué conocimiento y qué mundo se construye, para qué se construye uno y otro conocimiento y cuáles son sus criterios de validación y cómo se construyen estas formas de conocimiento.

  • Discurso del estudiante. Al analizar el discurso de los estudiantes estamos analizando los modos que éstos tienen de comunicar-representar la realidad.  Estudiar los conocimientos del alumno, su modo de pensar, es desde luego, una tarea fundamental en la educación. El objetivo de la educación es promover de la educación es promover un cambio progresivo de los modos de discurso y su acercamiento a los de la disciplina y en términos más concretos, a los del profesor.

En todo caso el discurso del alumno no es el discurso de un individuo aislado, autosuficiente, sino el discurso de un grupo cultural, un discurso cotidiano cuyas características son cualitativamente diferentes a las del discurso de la disciplina y al discurso de la clase universitaria.

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